¿ Y SI LOS TRABAJADORES DECIDEN HABLAR ?
¿Y SI LOS TRABAJADORES DECIDEN HABLAR?
Ese día los trabajadores eligen a sus representantes. Pero la representación que reciben no les convierte en propietarios de un puesto vitalicio, ni les permite jamás olvidar quién les ha otorgado ese mandato.
Porque un representante de los trabajadores tiene derechos, por supuesto. Pero también tiene una estricta responsabilidad.
¿Qué ocurre cuando un representante deja de representar?
Esta es una pregunta que quizá algunos nunca se hayan planteado en su día a día.
¿Puede un representante ser revocado? SÍ.
Y no lo decimos nosotros por capricho.
Lo dice expresamente el Estatuto de los Trabajadores.
⚖️ Artículo 67.3 del Estatuto de los Trabajadores
El artículo 67.3 contempla expresamente la posibilidad de que los trabajadores revoquen durante el mandato a los representantes que ellos mismos eligieron, siempre que se cumplan los requisitos y el procedimiento establecidos legalmente.
No es una amenaza. No es una ocurrencia. No es una herramienta inventada contra quien piensa diferente: es un mecanismo democrático fundamental amparado por la legislación laboral.
¿Y quién decide realmente?
Aquí está probablemente la parte más importante y determinante de todo el proceso:
❌ No decide la empresa.
❌ No decide otro miembro del Comité.
❌ No decide una organización sindical desde un despacho.
Deciden única y exclusivamente los trabajadores que eligieron a dicho representante.
1. Convocatoria formal: La ley establece que la revocación debe plantearse mediante una asamblea convocada a tal efecto, a instancia de, al menos, un tercio (1/3) de los electores que eligieron al representante o representantes afectados.
2. Votación y mayoría: Posteriormente, la decisión debe adoptarse mediante votación personal, libre, directa y secreta, siendo necesaria la mayoría absoluta de los electores.
Es decir: la democracia también tiene mecanismos para corregir sus propias decisiones.
Porque ser elegido no significa tener un cheque en blanco
Resulta curioso que algunas personas entiendan perfectamente la parte de la democracia que les permite ser elegidas, pero olviden por completo la parte que implica rendir cuentas ante quienes las votaron.
Un representante puede discrepar. Puede defender una posición distinta. Puede votar en contra. Puede cuestionar las decisiones de sus compañeros. Todo eso es legítimo y forma parte de la pluralidad democrática.
Lo que no debería confundirse con la libertad de discrepancia es utilizar una representación obtenida de la plantilla para bloquear sistemáticamente el funcionamiento de la representación colectiva.
Un Comité de Empresa no es un escenario para egos personales.
Es una herramienta de defensa al servicio exclusivo de los trabajadores.
Y aquí viene la pregunta incómoda...
- ¿Qué sucedería si un grupo de trabajadores considerase que alguno de sus representantes ya no está cumpliendo adecuadamente con la responsabilidad que asumió?
- ¿Y si esos trabajadores decidieran utilizar los mecanismos que la propia legislación pone a su disposición?
- ¿Y si se promoviera una asamblea formal?
- ¿Y si se sometiera a votación la continuidad de un representante?
¿Qué pasaría?
La respuesta es bastante sencilla y transparente: Se aplicaría la ley.
Quizá convenga conocer las reglas antes de jugar la partida
Por eso esta publicación no pretende señalar a ninguna persona concreta ni anticipar ninguna decisión. Pero sí creemos firmemente que todos los trabajadores deben conocer sus derechos. Porque nunca se sabe cuándo puede ser necesario recurrir a ellos.
Y porque quienes ejercemos responsabilidades de representación debemos ser los primeros interesados en que los trabajadores conozcan perfectamente los mecanismos democráticos existentes.
Al fin y al cabo, si uno está convencido de que está haciendo correctamente su trabajo, no debería tener ningún miedo a que los compañeros valoren ese trabajo.
Cuando ese mandato se utiliza para defender los intereses colectivos, merece el máximo respeto. Pero cuando los trabajadores consideran que ya no está siendo ejercido como corresponde, la democracia les proporciona las herramientas para decidir su rumbo.
Eso también forma parte de las reglas del juego. Y conviene tenerlas muy presentes.
Porque quizá algunos todavía no sepan que la democracia sindical no termina cuando se cuentan los votos...
A veces, la verdadera democracia empieza después.
